XAVIER GHILHOU Y PATRICK LAGADEC
Los simples consejos de dos expertos en caos
Dos expertos en situaciones de crisis dicen que el país debe
dejar de esperar veredictos externos y reencontrar su liderazgo
en la propia sociedad. Creen que la Argentina puede salir del pozo
si abandona la nostalgia y confía en sí misma.
María Laura Avignolo. CORRESPONSAL EN PARIS.
Dos investigadores franceses, especializados en situaciones de
caos están convencidos de que la crisis argentina
tiene salida y de que ella está en las manos de los argentinos.
El especialista en Managment de crisis Xavier Ghilhou
y Patrick Lagadec, director de investigaciones y econometría
de la prestigiosa Ecole Polytechnique de París, sostienen
que "no hay que esperar que el FMI dé su veredicto
sino terminar con el círculo FMI-Argentina-FMI."
Autores del bestseller El fin del riesgo cero,
Ghilhou y Lagadec tienen 25 años de experiencia en la creación
de nuevas lógicas de vida en sociedades destruidas
o en situaciones de ruptura frente a grandes crisis sociales,
tecnológicas o de salud pública. Ambos conocen bien
a la Argentina: la han visitado cuatro veces y quieren regresar
para encontrar la salida.
El ingeniero Lagadec es un especialista en gobernabilidad y managment
de organizaciones y grandes sistemas. Ghilhou, director del Eurogroup
Institute, es una autoridad en la evaluación del managment
en situaciones de riesgo en la diplomacia, las Fuerzas Armadas y
el comercio exterior. Un trotamundos de países de alto riesgo,
sus operaciones de gestión y reconstrucción en los
Balcanes con acciones "concertadas" e "inteligentes"
entre diplomáticos, defensa, el mundo económico y
el humanitario lo convirtió en una celebridad. Preside la
asociación humanitaria "Acciones de Urgencia y de Desarrollo".
Cuando viajamos por el mundo vemos en los países que
hay puntos de apoyo. No entendemos por qué hay lugares donde
la gente no se mueve y otros donde es claro que se van a chocar
contra la pared. La Argentina pertenece al primer grupo, se siente
que hay puntos de apoyo, hay emulación posible. Hay hombres
que se pueden despertar y no se necesitan muchas cosas para salir
de la crisis, diagnostica Lagadec, que diferencia a la Argentina
de Perú, Venezuela y Colombia.
Según estos expertos,no es el sistema político
sino los hombres los que hacen la diferencia. Es el nivel de coraje
y de determinación de la gente. No se necesita demasiado
para restablecer la confianza.Un gesto simbólico, las palabras
de un político con una fuerte convicción personal,
bastan para encontrar el nuevo camino. El país se debe reconstruir
sobre esa gente que se revela, esas personas que en situaciones
de normalidad no son tenidas en cuenta porque son diferentes.
Para Lagadec la Argentina está obligada a hacer el duelo
de su pasado, de un siglo de vida muy particular en el que vivieron
fuera del mundo. La Nación ahora está obligada a funcionar
como el resto del mundo. Para los especialistas, la Argentina sufre
una crisis de identidad. No hay confianza de la sociedad civil en
los gobernantes. Sin esa confianza, no hay sistema, observan.
Para Ghilhou no es muy complicado enfrentar la crisis porque
el pescado siempre se pudre primero por la cabeza. No tenemos que
pasar días leyendo para estudiar por qué llegó
la catástrofe. Hay que trabajar sobre la determinación.
Ghilhou compara el síndrome argentino con
lo que le tocó vivir en Checoslovaquia y Hungría,
después de la caída del Muro de Berlín. Ahora
parece todo normal —recuerda—.Pero lo que pasó
en Checoslovaquia es muy similar. Es un país que hizo su
reconstrucción a partir de un trabajo de duelo.Tuvieron que
admitir que su historia no empezó con los comunistas sino
siglos antes y de que su balance era falso.Su poder adquisitivo
no era el que creían, su potencia tampoco.
Ghilhou recuerda que cuando Vaclav Havel no encontró
su fuerza en un discurso económico, volvió a situar
su dinámica sobre el alma checa. Recuperó lo que hace
andar el motor de un país. Tuvieron ganas de volver a construir
su destino, de perfilarse hacia algo nuevo. La Argentina debería
reflejarse en ese espejo. Actualmente está en una situación
balcánica. Es riesgoso encerrarse en una lógica tribal
que genera pobreza y ninguna solidaridad. Su diagnóstico
es que el país está en un proceso de autodestrucción,
con un abismo insostenible entre los más ricos y los más
pobres.
Pero ambos especialistas tienen algo muy claro: se necesita un
impulso que debe venir de los políticos.
Yo estoy en el mundo de los negocios.Vuelvo a decir que hay
que poner a los políticos —a los verdaderos—
en su lugar. Hay que dejar de instalar a los economistas en el centro
del escenario y recolocar a cada quien en su sitio. Lo hemos visto
con Walesa y con Vaclav Havel. Pero se sabe que este tiempo es efímero.
El político se va a comprometer sólo por 2 o 3 años.
El objetivo no es durar sino producir la dinámica. Lo más
importante es ser el hombre que ha creado el impulso, dijo
Ghilhou.
El ingeniero Lagadec tiene su receta: Movilizaría a
la gente sobre la idea de que no son los peores del mundo porque
el FMI los excluyó. Son los primeros en vivir una desestructuración
que los otros van a vivir después, por lo menos en parte.
Ese espíritu es más movilizador que decirles que "mientras
no hagamos buena letra, estamos perdidos".
Para Lagadec es fundamental el liderazgo y un buen envión
anímico.Walesa y Havel sorprendieron y movilizaron a
toda Europa del Este. Ellos condujeron la marcha. La plataforma
activa está entre los que pueden ponerse al frente del Estado
y de la sociedad civil, los artesanos del trabajo imaginativo que
hay que emprender", dice.
La satanización de la realidad es otro de los serios problemas
en un país en caos como la Argentina. También es absolutamente
contraproducente "demonizar" al FMI o a los Estados Unidos.
Un político debe entender la realidad en la que está.
Si el político sataniza a los organismos internacionales,
utiliza a los medios para fortalecer la satanización y todo
el mundo se sienta en un asiento de primera clase para ver que el
barco se hunda, ya sabemos lo que va a pasar. Podemos poner la música
del Titanic y contratar a Di Caprio como actor principal, declara
Ghilhou.
Para Lagadec, la demonización del FMI no soluciona nada.
Sirve para tranquilizar a la gente. Pero si los argentinos se compadecen
a sí mismos, en un año serán más pobres
todavía. Eso es lo que se llama el "sistema africano"
y es lo que se debe evitar desesperadamente, sostiene.
El ingeniero y econometrista dice que los sistemas en los que se
apoyó Occidente para la lucha Este y Oeste en la guerra fría
no funcionan más. Pero eso no resuelve el problema. Uno
se puede encerrar en una satanización y morir pensando que
los otros no nos quieren. Pero no es así como se encuentran
las soluciones. También hay responsabilidades interiores
a asumir .
Lagadec cree que el rol del FMI en Argentina es un elemento
pasivo y no activo en la crisis y aconseja que se forme
un gobierno a partir de la población. La verdadera revolución
ocurre a través de la población sostiene.
Xavier Ghilhou insiste en que los políticos argentinos deben
recuperar actos de nobleza, sus convicciones, su determinación
hacia el pueblo y comprometerse para salir de la crisis con fuerza.
Si esto sucede, los banqueros van a volver porque no son locos:
Son pragmáticos. Los banqueros no son políticos. Lo
más recomendable es protegerse de ellos porque deben dar
cuenta al mercado y a sus accionistas financieros de lo que hacen,
no a la sociedad. Pero si un banquero se encuentra frente a una
dinámica y un buen interlocutor político, puede asumir
el riesgo y explicar a su gente su decisión. Ellos aceptan
la real-politik y los políticos deben entender esa realidad,
analizó.
Ambos consideran que no se puede condenar a la juventud que se
va del país en busca de un futuro mejor y ante la falta de
un futuro visible.
La juventud tiene la vitalidad, la lucidez y el entusiasmo.
Las generaciones que envejecen pierden la lucidez porque viven en
el pasado. Los jóvenes viven en el presente. Si no se les
da esperanza se van a querer ir, aclaran los Bexpertos.
En cambio en Hungría y Checoslovaquia los jóvenes
decidieron quedarse y poner su energía para reconstruir el
país. Somos nosotros los ricos del mañana porque
somos nosotros los que lo vamos a construir, se dijeron.
En su última recomendación los especialistas atribuyeron
un papel fundamental a los jóvenes y a los medios, porque
como creadores de lazos, pueden ser los inventores de un nuevo modo
de relación entre lo político y la sociedad civil
para salir de la demonización histórica.
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